Artistas Plásticos del Ecuador: Fernando Torres.



LA ABSTRACCIÓN FIGURATIVA


En la obra de Fernando Torres, la perfección de la naturaleza le ganó a la alevosa ostentación del ser humano. Nacido en Ibarra, llegó a estudiar artes en Quito, en el año de 1973, ciudad en donde ha vivido y ha creado desde entonces, aunque por un par de años se radicó en Argentina para estudiar y trabajar. A su retorno, le quedó la experiencia, la xilografía y un ligero acento que a ratos se entre mezcla en su habla cotidiana.

No cree en la musa, más bien busca la concentración. Cree en el trabajo constante, pero también en el descanso merecido. Dice que es un poco perezoso. Que hay que dar a las horas de sueño todo el tiempo necesario porque el cerebro también debe descansar. Torres no considera que para crear hay que estar atormentado. Más bien, para él este proceso requiere mucha pasión, alegría, esperanza, para que la obra ‘salga rica'. Considera que del arte tiene que emanar esa energía positiva y profunda.

Trabaja en medio de la ciudad, en lo alto de un edificio que tiene al frente una iglesia, cuyas gárgolas miran estáticamente, en silencio, el trabajo del creador. Es un lugar céntrico donde el ruido del tráfico se mete pero no molesta, en parte por la indiferencia aprendida del artista, en parte porque allá arriba el jazz casi siempre llena los espacios. El taller del maestro es un departamento donde la luz hiriente de la mañana golpea con fuerza los objetos, los pinceles, los lienzos; y las sombras que crea la tarde se convierten en frío y en silencio.

En la ciudad, dice el artista, se evocan comportamientos diversos, personales e impersonales, que generan una convivencia tormentosa y dinámica de las fusiones. En un corto trayecto se cambia de la piedra del Centro Histórico al barrio de  La Mariscal que se desdobla: en el día todo fluye como un jarabe, en cambio, en la noche el lugar se convierte en un ente casi macabro, en la sombra, el miedo, la transmutación.

De este impulso pueden aparecer recreaciones de la ciudad en los cuadros de Torres, como las proyecciones de las plataformas donde se soportan elementos abstractos, donde juegan formas no reconocibles. En el lienzo, la ciudad se convierte en figuras geométricas, en cubos, en líneas que se buscan y otras que se rechazan. El figurativismo da paso a la abstracción, y a otras representaciones que son una reacción poética a su entorno. Aparecen formas metalizadas, fusiones de tecnología y hojalata.

La obra de Torres se va reduciendo poco a poco, se sintetiza, hasta que se convierte en el ataque de las formas, en la realidad condensada y ecléctica. Afortunadamente, dice el artista, nuestro mestizaje nos permite mezclar cosas sin sentirnos mal.

La ciudad se cuela y se estampa en los lienzos con una furia inusitada, pero se apacigua por la equilibrada sencillez de la naturaleza, rememorada y abstraída por el ojo del artista, quien ha aprendido a disfrutarla, a mirarla, a percibirla, a apreciarla, a observar toda esa riqueza de colores, el exotismo de las formas, la variedad de sonidos, como el de un río que fluye, o el susurro del agua que descansa. En la obra de Torres la música habla con sus notas particulares. Es la sinestesia que convierte la libertad del jazz en colores y en destellos de luz, elemento siempre protagónico en su obra.

De hecho una serie que hizo se llamó ‘Luz, espacio, color'. La luz y la sombra son dos manifestaciones que conviven con lo demás. Se integran en tolerancia, de la misma manera que la abstracción y la figuración coexisten en un lienzo. Se complementan, son protagónicas.

Fernando Torres no le gusta mucho hacerse autorretratos, aunque se ha hecho algunos, el último se lo realizó hace varios años, porque le estimulan más modelos exteriores a su propio ser. Quizá por eso le atraen las máscaras, y su pequeña colección revela su interés por conocer la profundidad del ser humano, su dualidad, y esa necesidad de ocultarse que a la vez saca la verdad interior.

La vida del artista también es dura, dice él, pero a pesar de las dificultades, el creador nunca deja de ser generoso con el arte. Es que no solamente de pan vive el hombre, también de belleza. Esa es la gran búsqueda de Torres que ha guiado su vida y su inspiración.

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Quito. Ecuador

FUENTE:
http://www.revistafamilia.com.ec/articulos-portada/2137-fernando-torres-la-abstraccion-figurativa