MEMORIAS. Simposio Internacional "Amazonas, Ruta Cultural Milenaria" 2012

APERTURA DEL SIMPOSIO
Nuevos vientos integracionistas soplan en Ecuador, América Latina y el Caribe, juntos vamos recuperando la memoria tanto tiempo perdida por los rezagos del colonialismo y la injerencia nefasta del neocolonialismo y de quienes siempre quisieron negarnos el acceso a nuestra verdadera Historia.

PALABRAS DE BIENVENIDA DE YUMAC ORTIZ

Este evento científico y académico verso sobre la épica Expedición en Canoa del Amazonas  al Caribe, donde científicos latinoamericanos y caribeños hace 25 años ya,  iniciaron la ruta del auto reconocimiento, del retorno a los orígenes, del génesis poblacional  americano y sus avatares, no de aquella historia mal contada que ha pospuesto siempre lo nuestro por lo ajeno, aquella que impone una cultura en desmedro de la otra por considerarla inferior.

ANTONIO NÚÑEZ Y LENIN ORTIZ AL INICIO DE LA EXPEDICIÓN

En esta ocasión se rindió un merecido tributo de admiración y respeto a quienes dieron forma a esta expedición y que lamentablemente ya no se encuentran entre nosotros, Dr. Antonio Núñez Jiménez, eminente hombre de ciencias cubano mentalizador y líder de la expedición, el maestro Oswaldo Guayasamin, solidario amigo de la Revolución Cubana; que diseño la bandera de la expedición, y  Lenin Ortiz Arciniegas, historiador y arqueólogo ecuatoriano que dio un decidido impulso desde Ecuador a esta empresa científica, la misma que como lo mencionaría posteriormente Gabriel García Márquez en el prologo del libro que Antonio Núñez escribió sobre su travesía, corría un grave riesgo de no realizarse por los sargazos burocráticos y los ofrecimientos incumplidos.

Se recordó también a los expedicionarios   sobrevivientes y a todos los hombres y mujeres de ciencia que lograron darle un cambio revolucionario de timón al curso de sus investigaciones para reafirmar una identidad que la creíamos perdida, celebramos 25 años del inicio de la expedición en Canoa del Amazonas al Caribe, un viaje constante que aún no ha terminado. 

ASISTENCIA MASIVA AL EVENTO

Dignificamos nuestro pasado mediante la investigación de brillantes científicos y académicos, comprometidos profundamente con la investigación veraz que devela nuestra autentica imagen y no aquella imagen deformada de un pueblo sin historia, sin pasado, condenado a ser dominado y explotado, hoy el conocimiento nos hace libres.

 INVITADOS INTERNACIONALES Y ORGANIZADORES DEL SIMPOSIO
Agradecemos a los científicos nacionales e internacionales presentes, a los diferentes países amigos, a los organismos gubernamentales, no gubernamentales y privados, el apoyo brindado a este simposio. A los estudiantes y catedráticos de diferentes universidades del país, así como al distinguido público por acudir masivamente al evento.

REGISTRO GRÁFICO DEL SIMPOSIO


 ASISTENTES INSCRIBIENDOSE AL SIMPOSIO

RITUAL SHAMANICO ANDINO EN LA APERTURA DEL SIMPOSIO

EL PÚBLICO COPO TOTALMENTE LA SALA DEMETRIO AGUILERA DE LA CCE.
LOS CONSTRUCTORES NAPO RUNAS DE LAS CANOAS

PRESENTE EN EL EVENTO EL SR. EMBAJADOR DE CUBA. JORGE RODRÍGUEZ

 LCDA. MILAGROS AGUIRRE DURANTE SU PONENCIA
DR. CARLOS NÚÑEZ DURANTE SU PONENCIA
 
 DR. ALDO BOLAÑOS DURANTE SU PONENCIA
ENTREGA DE CERTIFICADOS
 MEMORIA DE PONENCIAS
VIAJE DEL AMAZONAS AL CARIBE
EXPEDICIONES PREVIAS…


CARLOS NUÑEZ CALDERON DE LA BARCA
27 de MARZO del 2012


VIAJE DEL AMAZONAS AL CARIBE

El Marañón o Río de las Amazonas, apelativos usados en un  mapa jesuítico de 1707 del Pª Samuel Fritz, en la portada de la reedición hecha por el Banco Central, cuando el Banco aunaba a su prosaico quehacer crematístico,  sobresalientes  (aunque  a veces incomprendidas por sus gerentes), actividades  culturales señeras, tal como la reedición de la obra de José Rumazo González   “la región Amazónica del Ecuador en el siglo XVI”  que es un soplo  de aclaración sobre el brumoso estado “ jineteando” entre el mito y la rustica geografía de aquella  época…
La controvertida frase de Galo Plaza Lazo “El oriente es un mito”, no carecía de alguna lógica en aquel período pre-petrolero: ¿que podía obtenerse de aquel “ País de la canela”, “Hábitat de las Amazonas”, ”Lugar de jibarías” o  “tierras Yungas” ?, en fin, lugares de salvajes… quedaba como rescate para el espíritu ecuatoriano de épocas tempranas, lo de llamar  “rio de Quito”, como dieran en escribirlo las primeras crónicas españolas, con el sobrenombre  de “El país de la Canela”,  a  la inmensa hoya Amazónica, el espacio donde transcurre  el más caudaloso río del mundo,  el rio Amazonas, que no quiere desprenderse de nosotros, el  Ecuador, ni nosotros de él…
Fundada Quito por el emprendedor Sebastián de Belalcázar,  que  se  enteró  de  la  proximidad  de  Pedro  de  Alvarado, sobreviviente de los restos humeantes de Tenochtítlan, del decapitado Imperio Mexica, aquel lugarteniente de Cortéz, llamado Tonatiú  por las huestes aborígenes enemigas de los mexicas -sin cuyo concurso jamás lo hubiera conquistado-  en todo caso,  no era Alvarado, ningún improvisado en recabar tierras nuevas para sí  y para el creciente Imperio español, así  que Belalcázar, a fines de 1533, partió de san Miguel de Piura con cerca de 200 hombres, entre ellos el alférez real, Miguel Muñoz, quien luego expedicionaria a “los Quijos”, Gonzalo Díaz de Pineda, primero en pisar “el País de la canela”, el maestrecampo Falcón de la Cerda, Francisco Pacheco, fundador de Puerto Viejo, Juan Gutiérrez, Hernando de la Parra y otros esforzados capitanes, quienes  guiados por  Cañaris, seculares enemigos de los Quitos, arribaron a los  lugares que aún ardían, defendidos por Rumiñahui, Tucomango cacique de Llactacunga y Quimbalembo señor de los Chillos. Perdida la plaza, Rumiñahui se  internó a través de los andes orientales hacia los Quijos, Belalcázar en su avance hacia el norte, había llegado hasta Caranqui, cuando fue requerido desde Quito, por el mariscal Diego de Almagro  a reunirse con El; no  entraremos en los terrenos archiconocidos de las pugnas entre Almagro y Pizarro , comentaremos que en aquellos días, estaba en la antigua Quito un indígena del que incluso se recoge el nombre:  Muequetá, sedicente enviado por el “Cacique de Bogotá, rey de Cundinamarca”, con el peregrino encargo de recabar ayuda al Monarca de Quito en una guerra que sostenían aquellos Muiscas, contra los Chibchas;  quizá como argumento no tanto para interesar a los Shiris quiteños sino  mejor aún a los europeos que ya pululaban por estas tierras.   equinocciales y más al sur, que visiblemente vivían (y morían) para conseguir oro.       2              
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Según cronistas  de la época, ahí comienza a circular el rumor de que más al norte, casi al final de los Andes, hay un lugar donde es tan abundante el dorado metal, que incluso es parte de ceremonias tradicionales de aquel pueblo, y circula la leyenda “Del Dorado”…  sin entrar en razones geopolíticas de dudosa veracidad,  el caso es que vemos nacer “ otra motivación”  para ir “más allá”,  para reducir las zonas “ignotas” de los vastos territorios aún  por  conquistar.
Así  toma su lugar la tradición “Del Dorado”, aunque con ubicación más o menos precisa -la laguna de Guatavita- que buen cuidado tuvieron en definir un lugar con mucha  profundidad, para que la leyenda dure…  pues un “perlero” Cuna  hábil, como los de Panamá, o un buscador huancavilca de Spondilus en los fondos arenosos del golfo de Guayaquil no tendrían  inconvenientes en descender a 20 metros de profundidad, al menos es lo que yo fácilmente alcanzo sin tanque de aire comprimido, ¡así que había que ponerle “profundidad” a la leyenda!, hay que mencionar que para otros, el Dorado se encuentra en los llanos del Meta entre las selvas de Orinoco y las del Amazonas.
Esto que mencionamos  sobre “El Dorado”,  viene  a  colación  porque  tiene  que  ver  con alguno  de  los  hechos  que compartimos con nuestro querido y recordado amigo Lenin Ortiz Rivadeneira; desde la segunda mitad de los años 60, que nos hicimos amigos, el universitario y maestro, yo con media carrera de arquitectura y sobreviviente de la masacre de Tlaltelolco, gracias a estar en el Ecuador…  Habíamos comenzado a discutir, a planear, y a realizar varias actividades, nuestro interés común  por  los  vericuetos culturales, por la especificidad que requiere la educación, en especial la histórica,  por ser la que  va desplegando  ante nuestras mentes el proceso histórico del cual, en una u otra forma, derivamos o procedemos, por decirlo simplemente,  el descubrir nuestras raíces, comprender el origen de la cultura micro familiar que nos rodea desde que nacemos,  entender  la cultura macro-regional, definirnos nuestro marco de procedencia, y oteando al  pasado derivaremos  de todo eso el sentimiento de Nación,  la conciencia del País que somos!
Yahuarcocha, o laguna de sangre, descripción de la última gran batalla  entre los conquistadores Incas y la confederación Quitu-Cara…
Impresionados, como todo lector del Padre Juan de Velasco, y de las  menciones  de  Cieza  de  León en 1550,  o  las  del  “cronista anónimo” en 1573, y sus descripciones del degüello de 20,000 (sic) guerreros y el  lanzamiento a las aguas de la laguna de los cuerpos, cuya  decapitación  ocurrió “en uno como corral de piedras”, dice textualmente  un  cronista, quedamos absortos con Lenin  cuando descubrimos que mirando hacia el nor-este , en la cima de una loma en la periferia de Yaguarcocha, era posible ver desde abajo, las líneas oscuras de piedra que delimitaban a un Pucará, al  que con el apoyo del Instituto Otavaleño de Antropología y la inestimable ayuda de Fernando Plaza        3
VIAJE DEL AMAZONAS AL CARIBE

Schuller, identificamos como el pucará Aloburo.  El “como corral de piedras”, aún existía!.
Para mayor impresión nuestra, en el mapa del lugar, alcanzamos a leer que una quebrada que rodea  a dicho Pucará, haciéndolo más inaccesible, se llama “quebrada Alcantarilla”, obviamente el termino árabe es de origen peninsular, pero  podría haber tornado su nombre original, Waico, manteniendo el significado.  Describe perfectamente la utilidad de dicha quebrada para desalojar aguas lluvias del recinto amurallado, y pensamos que bien podía haber escurrido por ahí la sangre de los degollados, yendo a teñir de rojo a nuestra laguna… (por supuesto al amanecer y si  uno  se encuentra al occidente, igualmente se ve roja su superficie, y viceversa, si al caer el sol se está en pueblo de Yaguarcocha cercano a la ribera, y mira hacia el poniente, igualmente tornarse rojas las aguas…).
Revisado cuidadosamente el perímetro de la laguna, encontramos clarísimas huellas de la batalla, docenas de hachas quebradas,  proyectiles de huaraca, y óvalos  de piedra con un canalito  para atarla, lo que serían mazas de mango flexible, hecho de cuero trenzado de venado o llama, por cierto temible arma de  golpe envolvente,  estamos seguros que el cobre y el bronce ya en uso para armas cuando menos por los incas, fue recogido del lugar hace muchos años, dejamos en su lugar todos los vestigios, y espero que aún estén allí… en aquella quebrada que era como camino natural entre la actual Ciudad de Ibarra y la laguna, además de servir para avenamiento de la misma. No encontramos  huesos, lo que implicaría que algunos cuerpos, fueron cuidadosamente sepultados en los cientos de tolas al norte del vaso de la laguna, que el sol al atardecer acentúa sus siluetas, y  los otros, en el oscuro fondo del lago…
Nuestra pequeña expedición, con los compañeros del GEA, Grupo de Estudios Arqueológicos, Felipe Cruz, Luis Mayorga, Sergio Minelli y el suscrito, Lenín  Ortíz, cofundador y  especie de alma de aquella expedición, así,  nos sumergimos en esa laguna,  que durante  los años que lleva  construida  la autopista que la circunda,  cambió el desague e ingreso de aguas, lo que     hizo que se llenara de algas y de una variedad de pececillos, los gupis, llamados también “millonarios”, por el gran numero en que se desarrollan, como si se tratara de espíritus de  pretéritos habitantes de aquellas aguas, cuya fama de malditas, ignoramos ex profeso, incluso Luis Mayorga que nos acompañaba en el  bote inflable de caucho y lona,  nos hacía la broma a Sergio y a mi, de pedirnos nuestra última voluntad por si moríamos,   respondiéndole  que a el, cuando menos, por las salpicaduras, le daría viruela!.  Mientras recorríamos el fondo rastreando a mano desnuda el légamo del fondo, sin ver ni encontrar nada más que aquellas algas que nos envolvían y parecían dedos que nos jalaban al fondo… 
En la superficie, Lenin que se había comunicado con una empresa del país del norte, Geo-Colombia, atendía a  la  bella representante quien hizo viaje especial para              4
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convocarnos a Guatavita, a rastrear a a aquel “Dorado” del que tanto se había hablado y opinado, fue la primera vez que se vieron buzos en aquellas alturas, mas de 3,000 metros s/n/Mar, además por circunstancias pedestres y simples: había que trabajar en otras cosas para sostener nuestra devociones científicas y aventureras, aún está pendiente aquel viaje al norte a sumergirnos en Guatavita, espero que los años, que tanto nos pesan y que han desaparecido a tres de nosotros,  hayan servido también para preservar los tesoros sumergidos, aunque si solo era oro en polvo pegado a la epidermis del cacique con resina o miel de abeja, pues no habría  la  menor huella áurea en aquel  fondo  del  mito…
Para terminar, les contaré, ya desaparecidos los culpables, que al construirse la autopista, arrasaron en particular una tola que según el tractorista que trató de contarlos, “había como doscientos cráneos”, que comenzaron a rodar al cortar el montículo, según nos confesaron, la noche después de la inmersión, en la reunión con varias personas de la localidad una de las cuales era el dueño del tractor, que gracias a los tragos y canelazos varios,  confesó  que  mandó  “planchar” aquel montículo  y de su valioso contenido, “solo quedó una mancha blancuzca”, hoy bajo la autopista… “no sea que le fueran a parar el trabajo”; al compañero Lenin le fue mejor que a nosotros, ahora, por el tiempo transcurrido, puedo  decir que se nos desapareció con aquella representante de la empresa Colombiana… pero para tranquilidad de los presentes puedo asegurar que Lenin se presentó en muy buena condición al día siguiente! Los pobres arqueo-buzos solo quedamos esperando calambres o manifestación de nitrogenación  o  cualquier otro “desarreglo” físico, pues fue nuestra primera inmersión a aquella altura, pero sobrevivimos a los metros, a la maldición de la laguna a los canelazos y a los años…
Otra faceta de Lenin Ortiz,  conocida por todos sus amigos, era la manera de manejar, o su “modo ecuatoriano de producción” de rutas, algunas dificilísimas, al menos para mi, habitante original de los desiertos del norte de México y acostumbrado “a lo planito” de la costa ecuatoriana, realmente disfruté, con riesgo y todo, de aquel Volante privilegiado, tarea fácil para El acostumbrado a realizar imposibles, como aquello de subir terribles pendientes en las montañas manejando su aguerrido vehículo de doble tracción, como si se tratara de bicicleta montañera, llevaba su corpulenta figura hasta alturas alcanzables solo para andinistas, me consta! y siempre muy

agradecido pues mis bruscas llegadas desde la costra, no me permitían el acceso al oxígeno harto escaso mas allá de los 3,000 metros sobre el nivel del mar hasta después de varios días, así que junto con mi sincera gratitud arribaba junto con Lenin a todos los Pucarás del callejón interandino  desde Rumicucho en la mitad del mundo, hasta los más inmediatos a la frontera Norte, aclarando que los Pucarás seguían mas allá, por las que -antaño- fueran parte de la Audiencia de Quito, hoy adentrados en territorio colombiano, no debemos                    5

VIAJE DEL AMAZONAS AL CARIBE


olvidar que los originales “limites” fueron “trazados” imaginativamente  por los doctrineros cristianos, que los delimitaban siguiendo el trazo lingüístico, encontrando que en las tanto en la alturas como en las tierras bajas, hubo una especie de frontera, Pasto era en la Sierra, lo que Tumaco fue en la Costa. Herencia prehispánica ecuatoriana y luego de la Real audiencia de Quito. Así que frontera por lo pronto lingüística, según la definieron los curas; y geográfica según la delinearon los eficientes “contables” españoles, que determinaban “limites”  tal como ahora lo hace el S.R.I. por y para la percepción del “Quinto Real” eufemismo para determinar el 20% absoluto para la corona, sobre todo acto de compra, venta, comercio, alcabalas, herencias, saqueos, e imposiciones varias… la burocracia hispana fue modelo mundial de eficiencia!
Disgrego un punto: por eso sabemos con precisión que llevaban y cuanto y más o menos por donde, se encuentran los galeones perdidos en los mares de entre estas sufridas tierras del nuevo mundo y la madre España, en los archivos de Indias en Sevilla, constan desde el nombre del Armador, los de la tripulación, pasajeros, descripción de la carga, peso o cantidad de oro, plata, estaño o  cobre,  pues al principio el Hierro solía venir de Allá, por eso la Península Ibérica fue tan importante para los romanos, y después (por 900 años)  para los civilizados Moros, abasteció desde las forjas Toledanas hasta las de Damasco, aceros que aún hoy resuenan con fama bien ganada. 
Nos fuimos lejos, pero tratando de recordar un poco más a nuestro amigo, pues algunas cosas que hizo quedaron en el tintero, hablábamos largo sobre aquel viaje de Orellana, por cierto cercano a mí, pues desde niño conocía  “La sombra que pasa” una novela de Hartell Spence, sobre el camino de Orellana, escrito en 1ª persona por el capellán. Además cuando tuve el privilegio de conocer la ciudad de Quito, descubrí  atrás del hotel del mismo nombre el monumento coloquialmente llamado al “Tuerto” Orellana, que  desde ahí contemplaba con un ojo el Valle y en el horizonte  la sierra con picos como dedos, por donde se supone que habría pasado luego de descender por  Guápulo…
Y desde aquel punto, contemplaba el mismo paisaje cada vez que podía pasar por ahí, si bien no logré hacer el mismo itinerario, cuando menos años después, lo recorrí a la inversa, salí por el Puyo hacia Tena y Misaguallí, descendiendo dos días por el Rio Napo y regresando Rio arriba luego de ver a las familias enteras de gambusinos, que en el estiaje, “lavan” oro en el centro del cauce, tal como supongo que se haría en remotos tiempos, por lo que supimos, una persona adulta podía obtener el equivalente de 4 a 5 salarios mínimos de la época, con la criba y la batea.
El regreso desde Misaguallí hacia Quito fue por la ruta donde se llegaba a Baeza de los Quijos. Precisamente el ingreso al valle fue a través de aquellas montañas que tanto observara desde años atrás desde aquel “mirador” sobre Guápulo.                               6
VIAJE DEL AMAZONAS AL CARIBE

Sobre el tema central de este Simposium, solo mencionaré que lo importante del tema queda a quienes viven aún e hicieron esta travesía, o a los documentos que nos dejaron el Doctores Antonio Núñez Jiménez, Lenin Ortiz Rivadeneira y las respectivas fundaciones que les sucedieron en el tiempo, no puedo abstenerme de comentar que si este modesto servidor NO estuvo en aquella expedición, fue por falta de méritos y por alguna causa determinante, en mi caso, fue por el reciente nombramiento de Cónsul Honorario de México en Guayaquil con jurisdicción en 7 provincias, que me hizo el gobierno mexicano.
Pero aún ahora me asombra que la importancia de aquel viaje cuyos 25 años estamos recordando, no haya sido aquilatada en su inmensa valía, es prácticamente desconocida, la enorme trascendencia  que tiene el que dos de las más grandes cuencas del mundo tengan COMUNICACIÓN entre sí, el Paso del Casiquiare es una realidad abrumadora, que tiene toques como de magia, como lo de que su corriente a veces fluye del Orinoco (Río Negro) y en otras ocasiones desde el Amazonas… ocurre lejos de nuestras fronteras, pero el solo hecho de llegar a ese lugar desde Quito le da la resonancia que debe de tener, abrir la comunicación a países hermanos por lo que muchos consideran “la trastienda del Ecuador” da perspectivas diferentes a esa ruta. además, vale decirlo, “las fronteras” como tales no deberían existir mas que para fines cartográficos, en la práctica nuestra América Latina solo tiene las fronteras que la rodean por los mares que la circundan!. La Raza Cósmica de Vasconcelos debe ser una realidad!!      
Por acercarnos al nombre que se diera a mi platica, “otros contactos prehispánicos” haré mención breve al tema que he seguido desde hace años, a la comunicación por vías Marítimas antes de la llegada de los europeos, que fue fluida y constante por el Pacífico, detectada desde tiempo tan remoto como la época de 2500 años antes de Cristo.                                             7
Es necesario repetir que lo novedoso de la propuesta de contactos entre Mesoamérica y Suramérica, propuesta implícitamente por otros investigadores a lo largo de los años, y que fueron mencionando paralelismos, “sin querer queriendo” (como decía el Chavo a cuyos homenajes me sumo modestamente)desde 1971, que asistimos al Simposium de “correlaciones antropológicas Andino-mesoamericanas” en el balneario de Salinas allá por 1971, donde la flor y nata de los investigadores en el tema, por primera vez expusieron sus teorías y planteamientos, igualmente autores mexicanos desde finales de 1800, como Nicolás León en Michoacán, que se hacían nudo tratando de entender COMO viajaron las influencias de una zona a la otra, hay descripciones de migraciones, que así como la primigenia que fue poblando el continente americano, de norte a sur, sugerían las de sur a norte, como la que lleva la metalurgia desde el antiguo Ecuador al occidente de México, o las propuesta que encuentran raíces de lenguas sudamericanas en el Phoré de Michoacán, (que hemos planteado originaria del tronco Macro-Qichua, del cual se derivarían algunas hablas del occidente de América de Sur, incluso costeñas en Perú y en el Ecuador, Hay que revisar un insuficientemente  investigado período, al sur del Ecuador, nos referimos al Imperio Wari-Tiahuanaco, como gustan denominarlo nuestros vecinos
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del sur, que tuvo gran expansión y cuya hegemonía duró alrededor de 300 años y abrevó en las florecientes culturas de la Costa peruana como Moche, en cuya iconografía exhaustivamente hemos buscado lo concerniente al mar, (por ejemplo los botes de pesca son de junco acuático), de agua dulce, la Totora, vieja conocida en nuestra América, persistiendo hasta ahora los ágiles botecillos Trujillanos, en los que aún en nuestros días, se hacen faenas de pesca costera remando con medias cañas guaduas abiertas longitudinalmente, no puedo menos que mencionar como complemento, (las antiguas fronteras persisten) el caso de las llamadas Balsillas de tres palos y vela latina, en uso continuo por milenios en varios puntos de la costa ecuatoriana, aún observables en Playas de Villamil, Engunga y Engabao, por cierto buenos ejemplos, los dos últimos, de topónimos de una lengua pre-quichua, que se hablara aparentemente como “lingüa franca” según cronistas, en ambas costas, ecuatoriana y peruana, antes de que las diversas lenguas en uso por siglos, se apagaran dejando su espacio a la lengua quichua, o Kechwa, según modo sureño;  para dejar el tema lingüístico, solo les haré reflexionar que en la frontera detallada en paginas anteriores en el territorio al norte del antiguo Ecuador, el habla antigua procedió del tronco Macro Chibcha. Sorprendentemente para algunos, los que homogenizaron la lengua del Antiguo Tahuantinsuyo, fueron sacerdotes Cristianos, quienes trasladaron su dogma escrito, del latín al quichua…
Para terminar, aquellos “contactos” percibidos por tecnologías, lenguas y costumbres (como la tumba de pozo con cámara lateral) entre lugares muy distantes, tiene su explicación en el Océano!, las corrientes marítimas, “los Caminos que andan” y su periodicidad conocida por los antiguos, permitía hacer largas singladuras en embarcaciones marítimas hechas de Occhroma Piscatoria, nuestro viejo conocido, “Palo de balsa”, durante varios meses del año, por los meses de mayo- junio, comienza a empujar fuerte la corriente del Perú, más conocida como corriente de Humboldt, que en su curso desde la Antártida hacia el Norte, a la altura donde se unen las provincias de Manabí y Esmeraldas tuerce al oeste, enfilando la corriente hacia El archipiélago de Galápagos, acercándose a la isla de Cocos, que produce un curioso fenómeno de “fronteras” marítimas, dista esa Isla unas 300 millas naúticas, de la mas norteña de las Galápagos, el islote Charles Darwin, si aceptamos las 200 millas de mar territorial que aún sostiene Ecuador, y las 200 millas de mar Patrimonial que sostiene Costa Rica, pues dos círculos con compás usando como centro las islas mencionadas, se Bisectan!, produciendo el curioso caso que dos países lejanos compartan fronteras!.
Todo el flujo mencionado, comienza a cambiar al acercarse Diciembre: el empuje de la Corriente de California a lo largo de las costa mexicanas, irrumpe hasta la corriente ecuatorial del norte y se une a la corriente Contra Ecuatorial que fluye al contrario, de oeste a este, en medio de las dos ecuatoriales, sur y norte, generando el empuje de agua cálida que origina el “Invierno Ecuatoriano” , al superponerse primero sobre la gélida corriente de Humboldt, y luego desplazarla, hace que la nubosidad generada por el calentamiento del mar frente a costas ecuatorianas, inicie la presencia de la corriente del Niño y sus lluvias que aparecen alrededor de fines de Diciembre, por Navidad! de ahí su nombre, el Niño,  la llegada del Niño Dios…             8
VIAJE DEL AMAZONAS AL CARIBE
Ese era el camino que recorrían de ida y de vuelta las arcaicas almadías de Troncos de balsa, para terminar el tema recordaremos que cuando Hernán Cortés, comienza recorrer el océano recién descubierto por Vasco Núñez de Balboa, a su paso hacia el norte rumbo a las Californias, vio enormes balsas en la desembocadura de un Rio que entonces llamó “Río de las Balsas”, actualmente “el Rio Balsas” separa a los Estados de Guerrero y Michoacán, lo que Cortés  no supo en aquel momento, fue que las embarcaciones oceánicas que vio, procedían del sur, del antiguo Ecuador, eran Balsas Huancavilcas!, esperando el cambio de corrientes para retornar!    
Cuando se encuentra en Puerto Marqués, estado de Guerrero, en la bahía vecina de Acapulco, la cerámica Pox, cuyas huellas aparecen sin demostrar evolución en aquel lugar, una cerámica completamente desarrollada, que carece de raíces en el sitio, y que dio origen a la “tradición cerámica del Pacífico” la más antigua de México, con varios centros de desarrollo todos en el Occidente de México, anterior a lo Olmeca (que surge hacia el Golfo de México) casi 1000 años después!  La detección del bivalvo Spondilus Princeps originario del Golfo de Guayaquil, en los centros ceremoniales  de Mesoamérica,  entera o trabajada en suntuosas objetos tallados y collares, y asociada a hechos importantes: como ofrenda fundacional bajo la pirámide de Quetzalcoatl, en Xochicalco seis valvas enteras, o formando un impresionante “chaleco” ceremonial Tolteca, o tallado su rojo esplendor en la piedra de la fachada del Templo de Quetzalcoatl en Teotihuacán… La dirigida dispersión de plantas como el aguacate o Palta y el Jitomate, solo mencionando dos  y a cambio,  de  sur a norte, la especie más relevante, el Cacao, llega del antiguo Ecuador a las costa del Pacífico Mexicano, donde una simple reflexión taxonómica nos hace entrever que si en tierras mesoamericanas hay 5 variedades de Cacao, en el Ecuador existen cuando menos 14, lo que hace apuntar su origen hacia estas tierras.
Entrando en los terrenos del mito, hay varias tradiciones muy sugestivas cuyas pruebas vamos lentamente recogiendo, la llegada de un pueblo que maneja la tecnología metalúrgica: la extracción, fundición y uso del cobre, aparece también en aquellas costas mencionadas, en Michoacán, tradición apoyada en textos gráficos tempranos coloniales, (o reimpresiones hechas por los ibéricos) como el lienzo de Jucutacato, o su aparición en la matricula de tributos como ofrenda al imperio Mexica “de 800 conchas coloradas” tributo precisamente de aquella área de desembarcos sucesivos entre el Cihuatlán jaliciense y Zacatula en Guerrero, luego, una vez que palpamos la realidad de la tecnología, la materia prima y el uso comprobado de estas, la Occhroma piscatoria, nuestra madera de balsa y las capacidades de navegación de las almadías oceánicas y su sistema de quillas móviles que permiten bordear, orzar, virar e incluso navegar contra el viento, luego interrogantes como aquella llegada de un Pueblo navegante con un caudillo, Ñaimlap a Ñaimpayec, actual Lambayeque Perú, es descrita con lujo de detalles por varios cronistas;  la llegada de los Caras a bahía de Caráques, los que por cierto inician, su penetración tierra adentro, por los Rios Esmeraldas y Guayabamba, dejando un rosario de montículos –Tolas- hasta trasponer  la Cordillera de los Andes, marcando su gran huella ceremonial en Cochasquí, hay más “comprobaciones”, que comentaremos en otro momento,

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pués este, tiene como tema central, la apasionante posibilidad, comprobada por nuestros amigos, de llegar desde el Amazonas al Caribe!                                                                     
Queda en el tapete la posibilidad de realizar un periplo en Balsas oceánicas en este próximo cambio de corrientes de este año en curso, de complementarse el apoyo requerido para la expedición, en junio sería buena fecha para zarpar, liderada por el Capitán ecuatoriano Carlos Julio Santander, quien ya tiene la primera tripulación compuesta de 4 hábiles cholos peninsulares Huancavilcas modernos, y que recibirá la bienvenida en costas mexicanas por el Rector y los Maestros de la Facultad de Historia de la segunda más antigua Institución educativa superior mexicana,  la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y obviamente por quien esto expresa.                                                                                                                          10


Carlos Núñez Calderón de la Barca.
Quito, 27 de Marzo del 2012.

LA COLONIZACIÓN ORIGINARIA DE LA MACROREGIÓN GEOHISTÓRICA AMAZONAS-ORINOCO-ANTILLAS
Mario Sanoja Obediente    Yraida Vargas-Arenas
Profesores Titulares Jubilados. Universidad  Central de Venezuela


Resumen
Los pueblos originarios que colonizaron el territorio de la macroregión geohistórica Amazonas-Orinoco-Antillas desde finales del Pleistoceno, son la base de un largo proceso historico que culmina en la actualidad con la búsqueda de la integración política, cultural y económica suramericana y caribeña. El interés primordial de esta ponencia es mostrar cómo la arqueología social puede ser también una fuente de conocimientos científicos que ayuden a comprender,  explicar y legitimar el  actual proceso de integración que vincula a  nuestros pueblos suramericanos y caribeños (Lozny 2011:1-20; Sanoja y Vargas-Arenas 2011: 555-568). De igual manera, trata de mostrar en perspectiva histórica la antigüedad del actual proceso de integración regional suramericano-caribeño.

ABSTRACT
The aboriginal peoples that began colonizing the territory of the geohistorical macroregion Amazonas-Orinoco-Antilles since the close of Pleistocene,  gave way to a long historical process culminating in the present struggle of our  peoples to achieve the political, cultural and economic suramerican and caribbean integration. The main goal of this paper is to show how SocialArcheology could become a source of scientific knowledges helping to understand, explain and legitimate the present  integration process of the southamerican and caribeean peoples (Lozny 2011;20; Sanoja y Vargas-Arenas 2011; 666-568). Likewise, we intend to denonstrate -in historical perspective- the antiquity of the southamerican-caribeen modern process of integration.

Key words:  social archeology, territorial colonization,geohistorical macro region, regional integration,





PALABRAS CLAVE: arqueología social, colonización territorial, macro región geohistórica,  integración regional.

Introducción
La concepción transdimensional de la arqueología social.

Los conceptos y el método interpretativo de la Arqueología Social (Vargas Arenas 1993; Bate 1998), han sido el elemento rector de nuestras investigaciones arqueológicas en la región del Bajo Caroní, Bajo Orinoco (Mapa 1). Dichas investigaciones son parte del Programa de Impacto Cultural que se lleva a cabo con la construcción de  un complejo sistema de presas hidroeléctricas en el río Caroní, el cual realiza la empresa estatal Corporación Venezolana de Guayana-Electricidad del Caroni (CVG-EDELCA). Ello nos permitió diseñar un vasto proyecto de Arqueología Regional que abarca toda la historia del Oriente de Venezuela, desde finales del Pleistoceno hasta el actual siglo XXI. Dicho proyecto de arqueología regional  ha proporcionado y sigue proporcionando nuevos datos para entender  el poblamiento temprano del oriente de Venezuela, así como también su relación con las poblaciones en transición hacia la producción de alimentos del este del Brasil y la cuenca amazónica.

Partiendo de la integración de criterios biogeográficos y ecológicos, podríamos considerar la existencia de un vasto sistema que incluiría la cuenca del  Amazonas y del Orinoco (Rojas y Castaño 1990). Desde el punto de vista antropológico, la ocupación humana originaria de dicho territorio indica la existencia de un extenso horizonte de poblaciones recolectoras, cazadoras pescadoras tropicales antiguas. En este contexto, el río Paragua, el afluente más importante del Caroní  que tiene sus nacientes  en la Sierra de Pacaraima, divisoria de aguas entre la cuenca  del Orinoco y la cuenca Amazónica, parece haber conformado a su vez, desde finales del Pleistoceno, una importante ruta de paso entre ambas cuencas fluviales. A ello contribuyó la naturaleza misma de dicha región, donde se observa hoy día la presencia  de variados ecosistemas riparios: bosques tropicales, bosques deciduos, sabanas y bosques rebalseros o “varzeas”, selvas de galería, ciénagas y lagunas, así como grandes raudales y numerosos ríos y quebradas que desaguan en el río,  hábitat rico en abundantes recursos naturales para sustentar la vida humana.

El análisis de la coyuntura paleoclimática  dentro de la cual se desarrolló la vida de las sociedades arcaicas del Bajo Caroní permite entender, de cierta manera, el carácter discontinuo que presenta muchas veces la temporalidad  de la secuencia  seriada de sitios arqueológicos. Las bandas recolectoras cazadoras no tenían prácticamente ninguna capacidad para controlar las variables ambientales o climáticas, por lo cual su conducta era más bien reactiva, adaptativa a la contingencia de las circunstancias exteriores. El oriente de Venezuela, particularmente el litoral atlántico, las cuencas del Orinoco y del Caroní-Parguaza, las formaciones de sabanas y selvas de la Guayana y la Amazonía venezolana parecen haber sido afectados por  las condiciones climáticas cambiantes que caracterizaron el final del Pleistoceno y los inicios del Holoceno en la región, como  muestran los trabajos de Steyermark (1982) y Hüber (1982). Para aquel momento, el litoral atlántico de Paria, el delta del Orinoco y el Bajo-Medio Orinoco ya se encontraban poblados por una variedad de grupos tempranos litorales y del interior (Sanoja y Vargas-Arenas 1999ª, b, c; Williams 1992). Las condiciones ambientales cambiantes influyeron en la localización y naturaleza de sus asentamientos en las regiones costeras, estuarios fósiles y lagunas litorales o riparias, terrazas fluviales así como en la gestación de la variedad de modos de trabajo que caracteriza a la sociedad en transición hacia la producción de alimentos.

La dinámica diferencial que caracteriza a dichos modos de trabajo en el Bajo Caroní puede ser entendida dentro del marco de  referencia de dichos eventos climáticos, asociados también con la aparición en la región de Paria y del noreste de Suramérica en general, de grupos recolectores, cazadores, pescadores marinos también denominados por los arqueólogos brasileños como Arcaico del Litoral y Arcaico del Interior (Schmitz, Barbosa y Ribeiro 1978, 79 y 80). De igual manera, es importante considerar la existencia de un vasto espacio interactivo para los seres humanos, la fauna y la flora constituido por  el piedemonte oriental de Los Andes, la cuenca Amazónica, la Guayana Francesa, la cuenca del Orinoco y el litoral atlántico del noreste de Suramérica (Miller 1992; Sales Barboza 1992; Vacher et alíi 1998; Sanoja y Vargas-Arenas 1995, 1999ª, b y c; Kipnis 1998; Schmitz 1987; Dillehay et alíi 1992; Williams 1992),  donde se  comenzó a gestar desde finales del Pleistoceno un importante experimento social y cultural que culminó en la creación de la macro-región geohistórica amazónica-orinoquense y la macro región geohistorica antillana.

El Arcaico del Caroní y el poblamiento original antillano

La existencia de sitios arqueológicos como los denominados arcaicos, tanto en el  Bajo Orinoco como en  litoral del noreste de Venezuela, cuya antigüedad podría remontar hasta finales del Pleistoceno o comienzos del Holoceno, añade una nueva dimensión a los estudios sobre el poblamiento temprano de la región antillana que, por su complejidad, no podríamos desarrollar en el presente trabajo. Sin embargo, creemos importante que las y los arqueólogos antillanos consideren la relevancia del conocimiento actual sobre el poblamiento originario amazónico- orinoquense para analizar el poblamiento temprano de su región. Ello alude a la presencia de diversos y variados grupos humanos que habitaban el piedemonte oriental andino, la cuenca amazónica y la cuenca del Orinoco,  los cuales pudieron haber sido una de las vertientes originarias de la población antillana. Importantes trabajos previos como los de Rouse y Cruxent (1974: 78) y Veloz  Maggiolo (1991: 63-64),  han propuesto también a Centroamérica y particularmente a Belice como uno de los focos de difusión de la tecnología lítica que caracteriza al llamado arcaico antillano.      

Para tales efectos es relevante considerar que para finales del Pleistoceno, el nivel del mar todavía se hallaba alrededor de 125 m. por debajo de su nivel actual, de modo que la cadena de islas antillanas presentaba tal vez el aspecto de una dilatada cordillera que se extendía desde  Paria y Trinidad hasta Cuba y quizás hasta la península de la Florida (Van  Andel y Postma: 1964; Sanoja y Vargas-Arenas 1995,  1999b, 2001). Ello habría hecho posible que antiguos grupos de recolectores cazadores tempranos del oriente de Suramérica, cuyas tradiciones líticas eran diferentes a las de los denominados grupos paleoindios, hubiesen podido vadear a través de aquel extenso territorio antillano.
Aquellas poblaciones ya habían adaptado sus modos de vida a las variables condiciones del noreste de Suramérica donde existían grandes ríos y una extraordinaria diversidad de sabanas, selvas tropicales o deciduas y selvas de galería, ecosistemas húmedos o bosques de manglar. Poseían un ajuar de instrumentos líticos unifaciales o bifaciales (Schmitz 1987; Dillehay et alíi 1992: 187; Sanoja y Vargas-Arenas 1999 a, b, c; Meggers y Miller 2003), el cual les permitió copar los recursos de subsistencia existentes en aquellos espacios y sobrevivir hasta períodos muy tardíos.

En ambientes como las cuencas del Amazonas y el Orinoco, la necesidad de traficar las complejas redes fluviales pudo haber determinado el desarrollo temprano de medios y tecnologías de navegación. Después de haber aprendido a navegar espacios acuáticos tan extensos, donde ocurren  tormentas, chubascos, fuertes corrientes y oleajes, la navegación de alta mar no debe haber presentado problemas para los canoeros tempranos continentales.

La diversidad geográfica y ecológica de la región Orinoco-Amazonas generó una diversidad equivalente de modos de vida: recolectores-cazadores-pescadores del interior y recolectores- cazadores-pescadores litorales, escalonados dentro de un extenso horizonte temprano de población que iba desde la cuenca Amazónica, la cuenca del Orinoco y el noreste de Venezuela y Trinidad hasta Cuba.

En la actual isla de Trinidad, antiguamente parte del continente suramericano, las primeras de estas poblaciones ya se hallaban  asentadas hacia 7200-6100 años antes del presente (Veloz Maggiolo 1991: 55-59; Boomert 2000: 53-68). Poblaciones con culturas similares se hallaban también asentadas  en el vecino litoral de Paria, Venezuela, entre 7000, 6000 y 5600 años antes del presente,  cuando aquel se hallaba todavía afectado por el óptimo de la transgresión marina post-pleistocena (Sanoja y Vargas-Arenas 1995: 95-103,197-198, 422).

 Aquellas poblaciones constituyeron el sustrato humano de la macro región geohistórica sobre el cual se asentarian posteriormente los agricultores ceramistas arawakos, los cuales comenzaron a ocupar el Medio y Bajo Orinoco entre 3000 y 2300 años antes de ahora, el litoral nororiental de Venezuela hacia 2000 años antes del presente (Meggers 1982: 489-495; Vargas-Arenas 1979) y Vieques, Puerto Rico, hacia 2200 años antes del presente (Chanlatte 1981).

La sociedad de cazadores-recolectores tropicales de la macro-región histórica Orinoco-Amazonas

La sociedad de recolectores cazadores tropicales generalizados del Bajo Caroní, cuenca del Orinoco, podría ser  agrupada en tres modos de trabajo (Sanoja y Vargas-Arenas: 2006):
1) La Tradición Caroní (ca.1  2.000-900 ap), caracterizada por un ajuar lítico integrado por rústicos choppers y lascas unifaciales de cuarcita ferrosa,
2) La Tradición Guayana  (9200 años a.p 7010 a.p), cuyo ajuar lítico está integrado por puntas de proyectil pedunculadas de forma triangular, cuchillos, navajas, perforadores, bolas y artefactos bicónicos de piedra, así como  otros artefactos diversos en cuarzo, jaspe, chert y caledonia.
3) La Tradición El Espino (ca. 8000 años a.p.- 5290 + 60 años a.p. -3750 + 80 a.p.), caracterizada por  un ajuar lítico integrado principalmente por artefactos sobre lascas de cuarzo lechoso o cristalino, algunas de las cuales  presentan retoques secundarios sobre uno de los bordes. No se conoce hasta el presente la existencia de puntas de proyectil líticas.

De manera similar a la ya expuesta, entre 14.000 y 10.000 años a.p. encontramos poblaciones de recolectores cazadores tropicales generalizados en la región sureste de Brasil, conocidos como Tradición  Itaparica (Schmitz 1987, Dillehay et alii 1992) y en el Territorio Roraima, región fronteriza Venezuela-Brasil (Meggers y Miller 2003), otras poblaciones caracterizados por una industria de lascas unifaciales en cuarcita, arenisca silícea o chert, así como otros diversos complejos culturales en el Alto Madeira, Alto Amazonas (Miller  1992) con lascas, percutores y raspadores de cuarcita y sílex, microlascas de cuarzo, etc.
De la misma manera, en  el bajo Amazonas están presentes puntas  de proyectil bifaciales pedunculadas triangulares en cuarzo cristalino y calcedonia en el abrigo rocoso de Pedra Pintada,  desde 10.600 años a.p., así como puntas pedunculadas  bifaciales de forma triangular, en cuarzo cristalino o calcedonia, acompañadas por una industria de  lascas bifaciales retocadas (Roosevelt et alíi 1996).  Este contexto temprano del norte de Brasil pareciera ser tecnológicamente reminiscente de las tradiciones arqueológicas tempranas del Bajo Caroní ya analizadas, sugiriendo la existencia, tanto en la cuenca del Amazonas como en la del Orinoco, de un extenso, variado y antiguo horizonte de poblaciones recolectoras cazadoras, tanto litorales como del interior previo a la inserción de las primeras poblaciones agroalfareras en la región hace 3000 años a.p. 

Tanto la cuenca del Amazonas como la del Orinoco estarán caracterizadas posteriormente por una gran diversidad lingüística, donde destacan dos stocks principales: Ge-Pano- Caribe y Tucano-Ecuatorial y una serie  de lenguas aisladas entre las cuales hallamos las de la familia macrochibcha (Greenberg 1987).

Comparando con los datos arqueológicos del Alto Madeira, Brasil (Miller 1992: 227-228; Meggers y Miller 2003) observamos ya la presencia de formas incipientes de cultivo en la Tradición Massangana, 3850 + 70  y 3140 + 70  años A.P,  evidenciadas por la presencia  de pequeños morteros, piedras de moler y manos así como hachas líticas. Este contexto es reminiscente del sitio Las Varas, Golfo de Paria, Venezuela, fechado en 4600 + 70 años a.p (Sanoja y Vargas-Arenas 1995; Sanoja 1989), donde un segmento de los antiguos grupos protoguarao ya había desarrollado un modo de trabajo caracterizado por la recolección marina, la pesca, la caza terrestre y el cultivo o procesamiento de  recursos vegetales.

El carácter social del imaginario estético

Nuestras investigaciones arqueológicas actuales han aportado informaciones  pertinentes para establecer vinculaciones más o menos ciertas entre el surgimiento de las tradiciones de pinturas rupestres de la Guayana venezolana y los cazadores recolectores cazadores tropicales que comenzaron a habitar dicha región desde finales del Pleistoceno. Es importante resaltar que dichas tradiciones tenían un carácter utilitario, destinadas a reforzar en la cotidianidad la pertenencia étnica y las vías de comunicación con el mundo paralelo que reproducía –en otra dimensión- la vida cotidiana. Tanto la seriación arqueológica como las fechas de C14 obtenidas parecieran indicar que la tradición de arte parietal del sureste de Venezuela habría comenzado hacia 4000 años a.p. en las poblaciones tempranas del Caroní, como podría inferirse por  presencia  de sus manifestaciones en aleros con pinturas rupestres. Se trata, al parecer, de un arte originalmente muy esquemático o de zonas extensas recubiertas con manchas sólidas de color rojo, el cual evoluciona hasta llegar a ser en  2500 años a.p. un arte naturalista cargado con símbolos de la vida cotidiana, representación de seres humanos, especies faunísticas, etc. Según Vargas-Arenas, el culto mágico religioso de las comunidades recolectoras cazadoras, en transición hacia la producción de alimentos que habitaban cíclicamente los sitios sagrados del río Espíritu y la Cueva de El Elefante, parecen haber girado particularmente como una forma de culto solar cuyas prácticas estaban  muy ligadas a la reproducción social que tenían como epicentro el género femenino (Sanoja y Vargas-Arenas 1970, 2003; Vargas-Arenas 2010: 55-66).

Los cazadores-recolectores tropicales modernos en Guayana

La larga secuencia  que caracteriza a la sociedad temprana del Bajo Caroní apunta hacia la posible identificación étnica  de aquélla con grupos recolectores cazadores modernos que habitan actualmente Guayana y Amazonas.  La denominación de Waica, para referirse a los actuales Yanoama, ya era utilizada por Zerries (1964) desde mediados del siglo pasado. Es posible que los grupos Waica o Guaica mencionados en el siglo XVIII como reducidos en las misiones capuchinas catalanas de Guayana (Sanoja y Vargas Arenas 2006), hubiesen constituido  relictos de aquella red de pueblos recolectores-pescadores que rodeaba a  las comunidades sedentarias agroalfareras tardías del Bajo Caroní, de filiación caribe, conocidas arqueológicamente como guayanos.

De manera similar a la Guayana venezolana y el Bajo Orinoco, los datos etnohistóricos dan cuenta de la existencia de  grupos recolectores cazadores sabaneros  entre los cuales se encuentran algunos (Hiwi) que o no llevan  el gen DI*A  y otros que tienen un porcentaje muy bajo (Yaruro o Pumeh, 2%). Esta característica permitiría considerarlos como posibles relictos de las oleadas tempranas de paleo-americanos (no-mongoloides o paleo-mongoloides)  que figuraban entre las primeras oleadas de inmigrantes al continente (Wilbert 1966; Sanoja y Vargas-Arenas 2003: 158-160; Lizarralde 1993: 48-49; Layrisse y Wilbert ibid: 7-8. ).

La antigua población de recolectores cazadores  tropicales del N.O. de Suramérica.

Corroborando aquella propuesta, las evidencias arqueológicas ya mencionadas para el sitio La Gruta, Edo. Guárico, indican la posible  presencia de grupos recolectores cazadores llaneros en el Orinoco Medio para 8210 + 190 años a.p., parte quizás del antiguo horizonte de pueblos tempanos que habría existido en dicha región desde finales del Pleistoceno. Otras evidencias arqueológicas (Barse 1995: 109-113) apoyan la existencia de similitudes tecnológicas y morfológicas entre las antiguas poblaciones tempranas del Alto Orinoco y las que habitaban abrigos rocosos localizados en  los valles intermontanos alrededor de la meseta bogotana, tal como El Abra, Nemocón y Sueva desde 10.450-9000 años a.p., todo lo cual sugiere la existencia de un horizonte de antiguas sociedades recolectoras cazadoras tempranas –distintas a las llamadas “paleoindias”- que compartían tradiciones líticas similares, las cuales ocupaban hacia inicios del Holoceno un amplio territorio que abarcaba el sistema de cuencas fluviales Amazonas-Orinoco, el piedemonte oriental  y los valles intermontanos de las cordilleras septentrionales de Los Andes.

De manera similar y señalando la importancia histórica de estas poblaciones, Rodríguez (2002: 32-41), analizó diversos sitios arqueológicos en el Alto y Medio Cauca con una antigüedad de 10.000 años a.p.,  cuya industria lítica podría aludir a  gente en transición a la producción de alimentos del Modo de Vida Recolector Productor, a partir de la cual se inicia un proceso de progresiva sedentarización que culmina hacia 4000 ap con la domesticación de granos y tubérculos, la recolección de frutos y el aprovechamiento de palmaceas como la Bactris gasipaes.

Es evidente a la luz de los hechos nombrados, la existencia de un vasto horizonte de pueblos paleoamericanos, recolectores, cazadores pescadores tropicales, que habrían jugado un papel importante en la configuración de las sociedades originales de la cuenca del Amazonas, del Orinoco y las Antillas, del piedemonte oriental  andino y de los valles intermontanos que comunican con la costa atlántica  colombiana, dando origen a diversos focos de innovación tecnológica, domesticación, cultivo y aprovechamiento de plantas útiles así como de  manufactura de alfarería.

La sedentarización, el cultivo de plantas y la diversidad linguística

A comienzos del Holoceno, hace 10 a 8 mil años, los  antiguos pueblos recolectores cazadores tropicales habitan las regiones litorales y del interior de nordeste de Suramérica. Dichas poblaciones, que se extendían desde el norte de Argentina, Uruguay y el sur de Brasil hasta el Delta del Orinoco y la isla de Trinidad, comenzaron a consolidar un modo de vida generalizado de caza, pesca, recolección y cultivo de plantas útiles, particularmente raíces, tubérculos y palmáceas (Sanoja 1982, 1983).
En las regiones litorales la subsistencia, fundamentada esencialmente en la recolección de conchas marinas, la pesca y la caza terrestre  se centró principalmente en torno a ecosistemas húmedos como los manglares. En las regiones del interior, la recolección de bivalvos y moluscos de agua dulce se complementaba con la pesca ripária o lacustre, la caza terrestre, la recolección y el cultivo de plantas vegetativas. La similitud de sus contenidos cualitativos, estimuló entre la población de ambas regiones una sinergia que contribuyó grandemente a disminuir el nivel de contradicción y la velocidad del cambio social.

 Si analizamos los datos arqueológicos ya mencionados del Alto Madeira, Brasil, (Miller 1992: 227-228; Meggers y Miller 2003) relevamos  la presencia de formas incipientes de cultivo ejemplarizados  en la Tradición Massangana, 3850 + 70  y 3140 + 70  años A.P,  evidenciadas por la presencia  de pequeños morteros, piedras de moler y manos así como hachas y azadas líticas. Este contexto es reminiscente del de otros sitios arqueológicos localizados en épocas más tempranas en el noreste de Suramérica tales como Banwari Trace, Trinidad, 8000-4000 años antes del presente (Veloz Maggiolo, Harris, Boomert 2000)  y el sitio Las Varas, Golfo de Paria, Venezuela, 4600 + 70 años a.p. (Sanoja y Vargas-Arenas 1955) donde un segmento de los antiguos grupos recolectores pescadores litorales había desarrollado un modo de trabajo caracterizado por la manufactura de instrumentos líticos pulidos como hachas, azadas, morteros y manos de moler cónicas que sugieren el cultivo o procesamiento de  recursos vegetales combinado con la recolección marina, la pesca, la caza terrestre.

Lo anterior parece indicar que  entre 8000 y 5000 años antes de ahora se habría comenzado a desarrollar el sistema agrario de la vegecultura (Sanoja 1997), como una tendencia hacia el sedentarismo  basado en la explotación de los recursos alimenticios existentes, entre otros, en los ecosistemas húmedos que se desarrollaron en las zonas litorales, desembocaduras de los ríos, lagunas litorales y antiguos estuarios desde comienzos del Holoceno (Sanoja y Vargas 1995, etc) y en las cuencas fluviales del interior.  
El sistema agrario vegecultor, aparte de la yuca (Manihot sp) propició   también la domesticación incidental (Rindos 138-139) de plantas vegetativas como el ocumo (Xanthosoma Sagitifolium), el ñame (Dioscorea sp.), posiblemente  la  achira (Canna edulis;  Sanoja y Vargas-Arenas 1995: 295-296) y palmas como el moriche (Mauritia flexuosa) la médula de cuyo tronco permite obtener una harina muy nutritiva. De la misma forma podemos observar que para 4600 a.p en el sitio Las Varas, Venezuela (Ibid 1955: 297-327; Sanoja 1982) los antiguos recolectores, pescadores y cazadores del litoral ya vivían en aldeas estables ubicadas a orillas de las lagunas litorales  recubiertas por extensos bosques de manglar.

De manera coincidente con el origen del cultivo de plantas y los inicios de la vida sedentaria en el noreste de Suramérica, fue alrededor del año 4000 antes del presente, según los datos proporcionados por la lingüística (Swadesh 1956,1959; Urban,  Noble, Greenberg, Migliazza et al 1988), cuando se produjo un importante evento histórico:  la consolidación de las principales familias lingüísticas suramericanas, lo cual podría estar relacionado con los cambios ambientales ocurridos a partir del Óptimo Climático y con la consolidación de la producción de alimentos y el proceso de sedentarización que se estaba operando en la sociedad de recolectores cazadores (Meggers 1982; Lathrap 1970: 110-112). Para entonces, los grupos originarios vinculados a las familias protoArawak, proto-Ge, Pano, proto-Caribe, proto-Tupí y proto-Tucano, ocupaban –predominantemente- la región centro-atlántica de Sur América. Por otra parte, para aquel mismo momento la región centro-pacífica de Sur América ya estaba aparentemente ocupada, de manera predominante,  de norte a sur,  por grupos originarios de las familias chibcha, quechua y aymara.

En el noreste de sur América se desarrollaron  diversos géneros de vida centrados en el cultivo de plantas vegetativas tropicales. La evidencia arqueológica indica –como ya se explicó- que ésta ya existía en la región de Paria, Venezuela, hacia 4200 años antes de ahora, y en el noroeste de Guyana, hacia 4000 años antes de ahora.  En Brasil, el descubrimiento de la alfarería y el cultivo de plantas vegetativas tropicales se efectuó también en fechas similares, evidenciando que se trató posiblemente de invenciones o descubrimientos que se efectuaron simultáneamente en el seno de antiguas poblaciones recolectoras cazadoras que estaban tratando de dar respuesta a condiciones sociohistóricas concretas  tales como el crecimiento vegetativo de la población. No se trataba solo del efecto de la variable demográfica, sino del conjunto de situaciones relacionales que ello acarrea como es la necesidad de tener acceso en tiempo y cantidades predecibles a los suelos que permiten la producción controlada de alimentos vegetales y a los nichos y ecosistemas que albergan los recursos de fauna y flora que complementan al cultivo de plantas.

Consecuencias de esas situaciones sociohistóricas concretas ya mencionadas fueron el sedentarismo y la transformación de las relaciones sociales de producción,  la territorialidad y el desarrollo de formas singulares de identidad cultural o étnica que se manifestaban particularmente en el vehículo de comunicación: las lenguas y dialectos. Ello alude a nuestra definición de un sistema agrario como un conjunto finito de relaciones entre elementos que son constantes tales como los suelos, el clima y las plantas cultivadas, y elementos que son variables tales como los medios de producción y  la organización social de la fuerza de trabajo para actuar dentro del sistema (Sanoja 1997: 20-21).

En la República Dominicana, hacia 2000 años antes ahora grupos de inmigrantes provenientes de las regiones de Paria y el Bajo Orinoco, Venezuela, introdujeron el método para  cultivar y procesar la yuca amarga aplicándolo al procesamiento de especies locales de raíces como la guáyiga (Zamia integrifolia). De igual manera trajeron consigo la tecnología de manufactura de la alfarería y las pautas de vida sedentaria dando nacimiento, posteriormente, a sociedades complejas como la taína (Veloz Maggiolo 1991: 179-201).

El carácter disperso de las poblaciones, concentradas principalmente a lo largo de los grandes ríos, en las cuencas lacustres y las regiones litorales,  la falta de rebaños de ganado domesticable como los que existían en los Andes Centrales y el carácter estacional de los modos de trabajar dependientes de  los ciclos anuales de los ríos, propició el desarrollo de un sistema sociocultural que funcionaba también cíclicamente, bloqueando el proceso de acumulación progresiva de conocimientos tecnológicos y experiencias sociales como el ocurrido en la región andina del occidente de Suramérica.

Conclusión

Desde inicios de la era cristiana, las poblaciones hablantes de lenguas tupi-guaraníes, arawakas y caribes ya estaban colonizando el extenso territorio que va desde las bocas del Río de La Plata, Argentina  hasta la cuenca del Amazonas y de allí hasta la cuenca del Orinoco, la costa caribe y las Pequeñas y Grandes Antillas (Lathrap 1970: 68-83). En ciertas regiones privilegiadas donde existían ríos o lagunas, suelos agrícolas propicios al cultivo combinado de plantas vegetativas y del maíz, la caza, la pesca y la recolección tales como varzeas, bosques rebalseros, bosques de manglar, selvas de galerías, bosques de palma moriche, etc.,  se originaron formaciones aldeanas igualitarias de complejidad sociopolítica variable tales como las que existieron en la cuenca del Medio y Bajo Amazonas, Brasil, en la cuenca del Paraná-Paraguay,  las sabanas del Gran Chaco y en la cuenca del Medio y Bajo Orinoco. De manera paralela surgieron  también otras poblaciones social y estructuralmente complejas en el noroeste de Suramérica, particularmente en los llanos altos de Barinas y Apure, los valles de Carora y Quíbor y la cuenca del lago de Valencia, Venezuela, en el Bajo Magdalena, Colombia y en las Grandes Antillas, conocidas estas últimas como taínas, en Quisqueya (Haití-Santo Domingo),  Borinquen (Puerto Rico) y Cuba ( Sanoja y Vargas-Arenas 1999c; Veloz Maggiolo 1991:179-201). Esta dicotomía cultural expresada en procesos civilizatorios existente entre  los pueblos originarios de la región atlántica y la región pacífica de Suramérica tuvo gran relevancia en los procesos de conquista y colonización europea que tuvieron lugar a partir del siglo XVI (Sanoja 2007: 51-74). De igual manera incidió a partir del siglo XIX en la formación de los Estados nacionales y en la conformación de los actuales bloques económicos y políticos regionales como la ALBA y Mercosur que conviven actualmente dentro de los grandes sistemas  de integración regional y continental como UNASUR y la CELAC.


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  (Seguiremos alimentando datos del simposio en este blog. gracias)